domingo, 30 de agosto de 2009

Soy reina, Soy espada

Soy reina por ¡Kling!-¡Kling!, espada que manda, atravieso corazones, corto tréboles, tallo diamantes. Soy espada, mando-mando, ¡Kling!-rebano. Yo mando a mis espadas, dagas negras, apunten a sus corazones, elimino tréboles, luzco diamantes. Espada ¡Kling!, espada manda, vamos dagas al ataque. Reina, no necesito rey, ¡Kling!-¡Kling!-¡Kling! rebano, ¡Kling! mando. Rebano tréboles, rompo corazones, pierdo diamantes. Y ¡Kling!-¡Kling! como llego me voy, ¡Kling! mando, mando y me voy.


Qüina de Espadas

sábado, 29 de agosto de 2009

Introducción

“Ruido desorbitante, migraña perfecta; ausencia de pensamiento y el dolor inaudible que llega cada noche antes de la ligera llovizna de hojas. “Plasma la palabra, aquella que oculte el error de un nombre equivocado”. Percatándose del nuevo integrante, la mirada subjetiva inició el vuelo de imágenes relacionadas con un recuerdo fugaz, un profundo deseo; viejo mentor.
-Breve y conciso, joven pupilo-; físicamente imposible, la descripción de formas sangraba en mis yemas y relataba un día como cualquier otro en la habitación de siempre. El teclado adopta la forma de un aroma, la visión en siluetas envidiables, la amistad en nueva piel y la felicidad encarna el paso de vida; concreto traslúcido. Apartando el momento de ilusión agraviada se obtiene pensamiento; acechando presa alterna una idea general, acariciando la muerte en fa sostenido resulta la creación de la palabra; introducción a la prosa.
–Bienvenido seas, hermano.-”

Por: Siete de Trébol

viernes, 28 de agosto de 2009

Del corazón a la tinta


Desde muy temprano se levantó con ansias de escribir, sin tener ideas claras. Cogió su bolígrafo favorito, unas cuantas hojas de block, pero nada lo inspiró. Así llevaba la mañana entera sin escribir frase alguna; presionado por escribir una buena minificción para los del club. Navegó entre sustantivos subliminales, adjetivos inusuales, pronombres, oraciones compuestas, pero entre más navegaba por el mar lingüístico, más se alejaba de su objetivo.

A escasos diez minutos de que se agotara su horario de escribir, y se diera por vencido, optó por arriesgarlo todo. Respirando profundo desentrañó su corazón, aún palpitante, lo dejó sobre un plato de bronce, después, a muestra de ofrenda lo acarició pidiéndole más pasión. Sólo así pudo concluir ésta minificción.


Por: Cuatro de Trébol


La Misma Sopa

Esta tarde le he dicho a mi corazón, no más, por favor no más. Mientras pateo enfurecida el bote de papeles y se cae y sale la basura rodando y la levanto con las manos destruyéndola en pedacitos pequeños, proyectándome en ella, ahogada en un llanto capaz de conmover, inclusive, a un árbol. Gritando, maldiciendo, constipada, hinchada de los ojos, filosofando lo que nunca he hecho en un estado mental, digamos más sano…
Terminado todo….
Ahora sí que mi alma deja de implorar por tu presencia, ahora sí no más de ti, ahora sí. El teléfono de la oficina suena lejos del caos que ahora es este espacio. Qué mal es haber hecho tanto desorden. A las 5 de la tarde será hora de vernos para ir a comer, envueltos en el silencio que esto se ha convertido, así es que pronto mi alma vuelve a levantar los pedacitos de papel que enjaula nuevamente en el bote de basura, para que todo luzca de buen aspecto, mientras paladeamos la misma sopa.

Poema



He tachado todas las palabras que no te merecen,
y terminé el poema sin decirte nada.

Publicado por: As de Corazones

Sueño, le death


Con su oz arreaba al jazzista, quien decidido marchó a su piedad entre cigarrillos y cerveza tibia. Sus complementos: do´s y fa´s, armados, descompuestos, habían terminado por hartar a su muerte. Ahora sollozante iba el hombre convertido en saxófono camino a la eternidad con sus dedos adheridos a los pistones y su fiel gato tuerto que lo acompañaba a donde fuera; había sido la promesa, el pacto entre callejones y soledades. «Yo no cargaré con ésta bola de pelos» repetía la muerte. El saxófono comenzaba a quedarse sin notas, ni un aliento, su muerte era pronta. Y así iba: do, do, fa... y, re, fa, re, do... suspiro y pausa no tan pausada, si, do, re... una vez más, si, do, re... si, do, si, do... do...; se silenció. El gatito cerró su único ojo, se acurrucó junto a una piedrita en el camino blanco. La muerte le miró, con su oz volvió a arrearlo. «Ya se fue tu gato». El saxófono no tocó nada como respuesta. Tras horas de tinieblas y laberintos, la muerte no podía olvidar aquella melodía...

Despertó, miró a su alrededor, cayendo en cuenta de que todo había sido un maldoso sueño, salió del bar hediondo hasta la calle Domínguez, recogió a su gato tuerto que lo esperaba siempre en la entrada. Se encontró a la vida en la esquina y le confesó que se había quedado dormida. «¿Tú? ¿Y qué soñaste?» le preguntó la vida. «Por absurdo que parezca, soñé que moría» respondió la muerte a acariciando a su gato por el lomo.



Por: Qüina de espadas


jueves, 27 de agosto de 2009

Hija tristeza, hijo amor


Mi tristeza nació en una noche corroída por el viento de mi alma, y desde entonces no volví a dormir. Pero esta mañana, de miel y amaranto di a luz otro sentimiento, el amor, mismo con el cual regaba mis textos día con día, o eso pretendía; a menos que fuera yo un farsante. Tarde descubrí que al mezclar tristeza y amor lo único que se engendró fue desolación, suficiente para tirarme a morir y nunca volverme a preocupar por ninguno de los dos.




Por: Cuatro de Trébol